Los implantes dentales son tornillos que se colocan dentro de la mandíbula superior o inferior para reemplazar los dientes que faltan. Un implante dental es un reemplazo de raíz de dientes al que se une una corona de implante. La corona es la única parte visible.

Los implantes se colocan en el hueso haciendo un pequeño agujero con taladro dental del mismo diámetro que el implante. Una vez que el agujero se ha formado correctamente el implante se atornilla. La longitud y el diámetro del implante que se elige dependerá de la cantidad de hueso y el tipo de diente

Una vez que el implante ha sido colocado en el hueso, el proceso de curación comienza. Se crea un coágulo de sangre alrededor del implante y el hueso comienza a crecer directamente alrededor de la superficie del implante; Y como es una superficie áspera, estará completamente unida al hueso. Como resultado, el implante y el hueso actúa como uno al masticar. Este proceso toma entre tres y seis meses, fue descubierto por el profesor Per-Ingvar Brånemark en 1965 y se llamó osteointegración.

Los implantes se hacen generalmente de titanio, pero también pueden estar hechos de zirconio u otros materiales. En cualquier caso, la clave para integrarse en el hueso es la rugosidad de la superficie de los implantes, ya que son las irregularidades superficiales las que hacen posible la fijación entre el implante y el hueso.

Al igual que los dientes naturales, los implantes dentales requieren cuidados y mantenimiento. Lo más importante para prevenir los problemas es que los pacientes deben mantener una buena higiene bucal y realizar chequeos regulares en su clínica dental para detectar cualquier tipo de problema.